Te acuerdas de cuando éramos felices?
Te acuerdas de cuando éramos felices?
Pues hay gente que no. No puede. No lo ha sido o, al menos, no tiene la perspectiva de haberlo sido.
Vivimos en el egoísmo de “yo, yo y más yo”. Pero hay muchas realidades. Mi trabajo me permite ver y conocer muchas historias. Comprobar que la mía es una más y no es para tanto. Hay tantos y tantos dramas ahí fuera. Historias de todo tipo. Y vivimos con la chulería de inferir nuestras vivencias a todo el mundo. No es así.
Creo cada vez más en que leer o escuchar las historias de otros ayuda. Incluso inspiran. El tabú es la peor de las estrategias para cualquiera de las situaciones de una vida. No hablar de ello, mantenerlo oculto para los demás, tener miedo de que, si se enteran, “a ver qué van a pensar…”. Una España antigua y apolillada ha enseñado a una generación (o muchas) a barrer debajo del sofá. Triste. Muy triste.
Y como decía, hay gente que no ha sido feliz. Que no tiene buenos recuerdos. Hay vidas rotas que desconocen la paz o la calma mental. Y están a tu lado. Quizás hablas con esas personas cada día. Quizás convives con una.
Hay un periodo en la vida en que no crees la máxima de que lo que más duele son las palabras. Hasta que te das cuenta que los adultos ocultamos y dejamos de decir cosas, de usar la palabra, para comunicarnos. O que si lo hacemos es para hacer daño. El verbo puede ser fantasía y puede ser infierno. Destruye vidas más que ninguna otra cosa. Pero también las inspira. De lo que estoy seguro es que nunca la palabra ha hecho más daño que el silencio. Porque hasta usada para dañar, nos ofrece enseñanza. Al menos te permite reconocer al hijo de puta que intenta acabar contigo.
El silencio y el tabú es el auténtico criminal. No decirnos las cosas solo conlleva dolor, preocupación. La llamada generación “Z” o la “alfa” tienen algo muy positivo, algo en lo que coincido con una buena amiga: su educación emocional es mejor; no guardan, hablan. Estos chavales que pensamos tan incapaces nos demuestran que hablar de emociones es bueno. Tienen algo de lo que sentirse orgulloso de su generación pretérita: que les enseñamos que el tabú en que nos educaron a nosotros no es el camino.
Recuerda que hay gente que ha sido feliz, gente que no, gente que vive bien y gente que vive un infierno. Que todos esos mundos caben, incluso, dentro de un mismo individuo en tan solo 24h.
bravo
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