Matar
Matar está mal. Dicen.
En este mundo donde solo existen los extremos, blanco o negro, sí o no, bueno o malo, una cuestión tan delicada como matar tiene una calificación inmediata. Es malo.
Claro. Atendiendo a una escala de valores tradicional en esta parte del mundo en la cual vivimos, es lógico pensar así. De hecho, no pensar. Contestamos desde un automatismo inculcado desde pequeños, no desde una conclusión basada en la reflexión. O sea, en pensar.
Lo que solemos dejarnos a parte es lo diferente que se ve el mundo, al humano, la sociedad, la naturaleza en distintos puntos del mapa. La visión “occidental” de todo son las tablas de los mandamientos para los que hemos sido educados aquí. Y he aquí a dónde quiero llegar. En que creemos que nuestros valores, nuestras opiniones, nuestra forma de hacer las cosas es la mejor y única posible. Porque nuestra “cultura” y educación es superior. Olvidando, por tanto, los millones de personas que podríamos considerar fuera de la concepción de “occidente” y que, desde luego, también tienen una cultura, una educación, una escala de valores y una forma de ver el mundo que puede distar mucho de la nuestra.
Mejor o peor. Eso nadie puede concluirlo. Primero, porque valorar con los “ojos de aquí” lo que sucede en otros lugares que tan solo conocemos porque tenemos acceso a internet es, cuanto menos, ridículo. Segundo, porque sin conocer en profundidad a las personas que opinan diferente, concluir, digo, que lo nuestro es mejor, es otra muestra de la “superioridad cateta” que nos afanamos en mostrar a cada oportunidad que se nos presenta.
Por tanto, matar es bueno o malo. No lo sé. Si esta noche entran a mi casa a hacer daño a mi hijo, procuraré matar a aquellos que lo hagan. Y entonces consideraré que eso está bien. Punto. Iré a la cárcel. Perfecto, lo acepto. Pero lo que he hecho está bien. Tan sencillo como eso. Porque si tú, desgraciado, te atreves a violar el espacio privado donde una familia vive tranquila y en paz, debes asumir las consecuencias. Yo asumo mis años de cárcel. Tú asume que es probable que te maten. Listo.
Si a algún espabilado se le hubiese ocurrido en el momento oportuno pegar un tiro a Hitler, habría estado bien. Nos habría ahorrado a la humanidad mucho sufrimiento. Y muertos. Sé que desde tu moral superior y los discursos preestablecidos que te han metido en la cabeza pensarás “pero Jaime, tú no eres quien para decidir quién debe morir y vivir”; enhorabuena, tienes el intelecto suficiente para no hacértelo encima. Mis más sentidas felicitaciones. Pero oye, llámalo estadística si quieres: si por cargarnos a uno, evitamos la muerte de millones producida por la escasez intelectual de ese único espécimen cerril, inútil, incapaz y acomplejado, pues prefiero ese porcentaje. Piensa como quieras. Yo lo tengo claro.
Y podríamos pasarnos la tarde poniendo ejemplos. Tanto de lo de matar como de cualquier otra cosa.
Cuando en vez de pensar, escogemos dejarnos llevar por los axiomas que otros han postulado para ahorrarnos esfuerzos, somos autómatas viviendo en modo “ahorro de batería”. Ayer leí un término que me hizo gracia y me gustó un poco. Npc. Te invito a buscarlo, tanto en su significado literal (asociado a videojuegos), como en el que parece que últimamente se utiliza para hacer referencia a una parte de la sociedad (algo así como ese autómata al que hago referencia: gente sin pensamiento propio ni criterio personal).
Es un buen momento histórico para darle la vuelta a todo, ponerlo patas arriba y dejar correr nuestra inteligencia para sacar conclusiones propias. No mantras, no dogmas. No quiero religiones de ningún tipo. Mucho menos políticas o sociales. Pensar con lucidez y preguntarse por qué. Y dudar de todo con sana perspicacia. Sin histrionismos. Simplemente utilizar nuestro mayor arma. El cerebro.
Evidentemente he buscado el efectismo. El tema con el que abro el artículo es fuerte. Puro marketing, lo sé. Pero no te dejes llevar por eso. Trasládalo a cualquier otro asunto. Piensa. Disiente. Pregunta.
El que duda y por tanto busca respuestas no es el malo de la película. Sin embargo, aquel que tiene muy claras las cosas… mmm, no sé yo. Igual mejor no fiarse mucho.
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