Las bajas laborales

 La catadura moral de la sociedad de hoy en día se puede medir con muy distintos marcadores. Cualquiera vale para darte cuenta de cómo somos. Hasta el detalle más tonto puede dejarnos pistas de hacia dónde va nuestra honestidad y lo que hacemos con los supuestos valores clásicos.

Y uno de los principales puntos está en la mentira, la cual utilizamos indiscriminadamente, caiga quien caiga y contra quien sea. Lo gracioso es que después, en la barra del bar, despotricamos contra los políticos porque nos mienten y porque son corruptos y porque “no representan a la sociedad española”. ¿Seguro? Gente que miente, engaña, tima, estafa, hace tratos turbios, esconde verdades para obtener ventajas… ¿no es acaso una muestra perfecta de que sí nos representan?


Y esto me lleva a exponer un tema que sé que molesta, pero me da igual. Porque que moleste, o que haya casos (muchos) en que no sucede tal como voy a contar, no excluye que haya casos que sí suceden tal y como voy a contar. Como dice Juan Soto Ivars, si hay un elefante en la habitación, habrá que decir que hay un elefante en la habitación. Decirlo no es punible. Callárselo sí. 


Y es que me refiero a las bajas laborales. Somos una sociedad que se enorgullece de mentir para obtener la baja laboral. De nuevo, lee atentamente lo que digo y lo que no digo, porque no deja lugar a interpretaciones interesadas. Digo que hay gente que miente (y además se siente bien por hacerlo), para coger una baja laboral. Nadie dice que no haya bajas laborales justificadas (las más, seguramente). Pero todos conocemos a alguien que ha mentido, exagerado o ampliado su dolencia para que le den la baja, o se la sigan concediendo. También hemos conocido a gente que, tras darle los médicos el alta, decide que eso de trabajar es una mierda y que no quiere; y solicita a la empresa que le despida para tener paro. O sea, para explicarnos, solicita a la empresa que ésta estafe al resto de contribuyentes. Porque, ¿de dónde creemos que sale el dinero del Estado?


Y aquí es realmente donde quiero llegar. No tanto al hecho de las bajas laborales fraudulentas (no me interesa tanto), si no, como decía al inicio de este artículo, a la catadura moral que mostramos. A que somos una sociedad que premia y gusta de hacer trampas. Nos exaltamos y alborotamos mucho porque otros lo hagan, pero cuando no nos ven, la miseria que llevamos dentro sale a flote. Y el ser una persona íntegra no viene de mostrar una cara fabulosa de puertas a fuera. Sale de actuar como se debe cuando nadie mira; cuando solo tú vas a saber lo que has hecho. 

Y si no, dejemos de tanta tontería de quejarnos de los políticos, los empresarios, los extranjeros o quien se ponga a tiro y empecemos a ser más decentes. Que nadie tiene el cetro de la moral intachable, y todos cometemos actos poco honrosos. Pero al menos tengamos un mínimo de criterio y sentido común para entender que tenemos justo lo que nos merecemos y lo que somos. 


La verdadera enfermedad de nuestra sociedad no son las bajas médicas, sino la baja moral con la que nos excusamos para vivir sin dignidad. ¿Eres de los que exigen honestidad en los demás pero la negocian para sí mismos?

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